Delia Iaboni

3 min

Carta a mi yo del pasado: Todo lo que aprendí de las cicatrices

Un ejercicio de compasión retrospectiva para abrazar a la persona que fuimos y agradecerle por sobrevivir a las tormentas.
Carta a mi yo del pasado: Todo lo que aprendí de las cicatrices

Querida y valiente yo de ayer:

Te miro a través del espejo del tiempo y veo tus ojos cansados, llenos de dudas, miedo y una ansiedad aplastante por el futuro. Te veo llorar a escondidas en esa habitación oscura, creyendo con todo tu corazón roto que el dolor que estabas experimentando en ese momento era el final de tu historia y que nunca volverías a encontrar la luz. Hoy viajo en el tiempo para abrazarte muy fuerte y susurrarte al oído la verdad más hermosa de todas: sobrevivimos.

El perdón por todo lo que no sabías

Lo primero que quiero hacer es pedirte perdón. Perdón por haber sido tan dura contigo, por haberte juzgado sin piedad por tus errores, por exigirte una perfección imposible y por haber dudado tantas veces de tu capacidad para salir adelante. Hoy entiendo que hiciste exactamente lo mejor que pudiste con las herramientas, el conocimiento y la madurez emocional que tenías en ese instante.

"Las cicatrices que tanto intentabas ocultar por vergüenza se convirtieron con los años en nuestras medallas de honor más sagradas. Son la prueba viviente de que fuimos más fuertes que todo aquello que intentó destruirnos." – Delia Iaboni

Tres secretos que me gustaría haberte contado antes

Si pudiera sentarme a tu lado en aquella época de tanta incertidumbre, tomaría tus manos temblorosas y te revelaría tres secretos que te habrían ahorrado tanto sufrimiento innecesario:

  • Esa persona que se fue te hizo un enorme favor: Sé que sientes que se te acaba el mundo por esa despedida, pero créeme: la vida estaba apartando de tu camino lo que ya no vibraba con tu destino para hacer espacio a bendiciones mucho más grandes, sanas y recíprocas que están por llegar.
  • No tienes que tener todo resuelto a los 20 ni a los 30: Deja de compararte con los demás. La vida no es una carrera de velocidad ni un examen que debes aprobar antes de cierta edad. Tu ritmo es perfecto, único y sagrado. Respira.
  • Tu sensibilidad no es un defecto, es tu superpoder: Deja de intentar endurecerte para encajar en un mundo frío. Tu capacidad de sentir profundamente, de amar sin reservas y de emocionarte con los detalles es exactamente lo que te convertirá en la mujer artista y humana que eres hoy.

Gracias por no haberte rendido

Finalmente, quiero darte las gracias. Gracias por haberte levantado de la cama en aquellos días en los que sentías que no tenías fuerzas ni para respirar. Gracias por haber seguido caminando a oscuras, por haber confiado en la esperanza cuando todo parecía perdido y por haber apostado por nosotras.

Hoy estoy aquí, en un presente lleno de paz, propósito y amor propio, y todo esto existe única y exclusivamente gracias a tu valentía y a tu resistencia. Descansa en paz, mi querida yo del pasado. Ya pasamos la tormenta; hoy estamos a salvo y estamos floreciendo.

Con infinita ternura y orgullo,
Tu yo del presente.

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