Delia Iaboni

2 min

El relojero de los momentos perdidos: Un cuento sobre el perdón

Don Mateo reparaba relojes mágicos en su taller de madera. Descubre cómo enseñó a un niño que el tiempo más valioso es aquel que usamos para perdonar y abrazar.
El relojero de los momentos perdidos: Un cuento sobre el perdón

En una callejuela empedrada del viejo pueblo existía una tiendecita con un letrero de latón que decía: «Don Mateo: Reparador de Relojes y Momentos». Dentro, cientos de péndulos marcaban un tic-tac suave que sonaba como la lluvia sobre los cristales.

Una tarde de lluvia, un niño llamado Tomás entró al taller con el ceño fruncido y los puños apretados. Llevaba en su mano un pequeño reloj de bolsillo roto.

—Don Mateo, mi amigo Julián rompió mi reloj jugando en el parque y me enojé tanto que le dije que no quería volver a verlo nunca más. Ahora el reloj está detenido y mi corazón se siente pesado —dijo Tomás conteniendo una lágrima.

El anciano relojero se colocó sus lentes redondos, tomó el reloj con delicadeza y sonrió con bondad.

—Verás, Tomás, los engranajes de metal se pueden arreglar con una pinza y una gota de aceite. Pero los momentos rotos por el enfado necesitan una herramienta mucho más poderosa.

Don Mateo abrió la cajita de música del reloj y le mostró al niño cómo cada rueda dependía de la otra para seguir girando:

—El rencor detiene las agujas de nuestra alegría. Cada minuto que pasas enfadado con quien quieres es un minuto de risas y juegos que el tiempo se lleva para siempre. El único truco para que el reloj vuelva a andar en tu corazón se llama perdón.

Tomás miró el reloj y luego miró hacia la puerta. Salió corriendo bajo la llovizna hasta la casa de Julián. Cuando abrió la puerta, Tomás le dio un abrazo sincero y le dijo:

—Lo siento por haberme enojado. Los juguetes se arreglan, pero nuestra amistad vale mucho más.

En ese instante, en el bolsillo de Tomás, el pequeño reloj dio un salto y sus agujas comenzaron a girar con un tic-tac cantarín y lleno de luz.


Moraleja: No permitas que el enojo te robe el tiempo presente. El perdón es la llave que repara los lazos del corazón y nos devuelve la alegría de compartir.

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